Timón del sueño, en trasgresión
cambio del mundo pavimentado
en pobladores del habla.
Sólo el soliloquio prensa la llama del candil que no se desnuda.
Es en realidad un modo de abstracción que me pide auscultando
paredes con un silencio cobarde
la búsqueda de valentía, escuchando
las risitas que chocan con el techo
de la casa, la paciencia, mutua desazón del corregidor no nos nombra.
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