La ola mece en su cresta la victoria
la efervescencia del dolor se desvanece cuando navega sin la mortandad.
La infancia gripada por
los sucios rencores que sembró
la indolencia.
Manoseados por la mala educación.
Otras olas vendrán,
abajo en el turbión, cuando la resaca
erosione la faz de su visita
y nos reemplace en el lloro.
La vastedad del mundo
curará la amarga apatía.
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