El verde sinuoso, que hace clima
en el descorrer de la noche,
palidecido de hermandad.
Resta
paliar el desnudo de la sangre
con árbitros y medidores candentes
para la palabra.
Un singular nerviosismo
espera que todo lo ocurrido
en la granja urbana mida
los quehaceres y obligaciones de cada animal.
Y perdure el armónico rastrear
del sonido pululando, por los
asideros de la negación.
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