La flama de tu presencia
mutila la hierática descomposición
donde la entropía mimetiza
el sendero con obstáculos.
Pardos los ojos del búho vigilan
las entradas y las salidas,
para ser ratones sin orgullo
no merecemos, el laberinto
dentro de otro laberinto.
Si no, el siete de velos
multiplicado por un sucio desenredar
del lazo, trampa del mimo.
Nos drenará de lógica.
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