No florece nada ya en mi jardín,
las semillas esparcidas, son robadas
por el viento, y tú talaste el último
árbol al que me abrazaba.
Ahora la sombra no la dan los árboles
si no la oscuridad que traiga cada uno consigo. Al páramo de mi soledad tanta como el sur cuando
abanica las moscas del silencio.
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