El catalizador del pueblo, en añejas liquidaciones sórdidas, donde un ojo escupe la inmaterial mirada del seno
al peregrinaje del brote ampliando el desorden que nos envuelve a todos
y escupe la vulnerabilidad del decorador.
En esa delicia, compro la irregularidad del ocaso.
Pariendo tentáculos.
De sumisas elecciones.
Y prontas soluciones.
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