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Negra como el ónice.
Rayo invisible
en la noche de la selva.
Su error fatal:
cruzar el río a nado
en el peor momento.
Ella gana la orilla.
Su compañero se cruza
con el mismo diablo
y el mismo diablo son
tres jóvenes
sobre una barca
con una cámara de vídeo.
La orilla y su vida
hoy son metas inalcanzables.
No puede nadar más deprisa.
Uno rema,
otro remo le rompe el cráneo
y el tercero lo graba.
Y termina el miedo
y el dolor
para la bella
y salvaje criatura.
El agua verde ahoga su último rugido.
-Más de 10.000 visitas en youtube-
(solo pienso en qué pasará
por el limitado cerebro
de la pantera que alcanzó la orilla
al contemplar la escena)
Y supongo que ella no puede sentir
indignación ni odio.
Pero hoy yo,
en este mismo instante,
lloro,
rujo,
y me descubro,
irrefrenablemente, pantera...
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