Zuecos del ocaso enfangados
en el barro, meridianos del placer
que auscultan la rectitud castrada
en los desvanes.
Se va yendo la clausura de los mirlos
saludando la jocosa brillantez del globo.
El fervor auténtico me pide café del
molino, acritud desangrada en el
cebo que tienen los chorizos por estas tierras.
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