Discurre el denso río
por las marismas de la otredad
la certidumbre de lo real,
maniquea la destrucción de uno
mismo.
Parda revolución de los alegatos
con inmerecidas cumbres de lloro
calculaban el porvenir del delirio
auscultando ladrillos para construir
desde el mismo cimiento la catedral
del silencio acuna miseria en el corazón.
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