Te busco andante como niña
suicida.
En ese patíbulo del tiempo
donde todos atrapados.
Llegamos vulnerables en la deserción,
de la iridiscencia.
Casi en atriles del confort,
los discursos se mecen en el desayuno de los piropos.
Ya, en benigna practicidad
la manta de los días se desabriga
de incierta desgana, cuando se acuesta cada uno con la misma música.
Llena del dolor de la ausencia
enconada de mutilación
papiros de éxtasis y gritos.
Y de absuelta locura.
Reservados todos los derechos©
de qué madera están hechos:guitarra,
violín y piano
que cuando vibran
mi alma
vibra con ellos;
llora guitarra, llora violincillo,
que también llora el piano mío
cuando escapa la música
de vuestros claustros
de madera tallada.
Un gusto leerte y divagar con tus versos y calzarme de paso ese extraordinario final con que cierras este magnífico poema.