Calla la voz sin nombre,
que arbitra
celular,
el magma de las letras.
Suciedad de la oratoria anteojo
del suspiro regular, sólo queda la pelusa del vocabulario.
Inmersión tramitada en el bizcocho
callejeando por ciudades de cuerdas vocales. Asustados en el estío que
embriagó la indolencia capitulada
de la sordera.
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