El cántico huido se eclipsa con ondas
sucesorias, cada una escupe contra la orilla , su nombre, preguntándole la lacrada desmemoria del corazón.
Si juntamos los dolores del armónico
violín chillido del pellizco, casi asmática robustez tablas del mundo. Peleando los sucios crematorios del hueso que rumia perdón en la llanura del furor.
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