He estado con ellos,
he charlado,
caminado y reído juntos,
hemos visto el mismo cielo,
mismas palomas en los parques
comiendo de nuestras manos
y ninguna diferencia he hallado.
Piensan como yo,
ríen igual,
sienten como yo,
viven y aman igual que yo,
disfrutan de la vida mejor que...
De ellos debemos aprender,
aprender a mirar con su mirada
plena de ternura y sinceridad,
aprender a amar sin prejuicios
ni condiciones,
ellos desconocen la maldad,
si en realidad somos iguales
¿Por qué la gente los mira de distinta manera?
¿Por qué los cobardes les temen?
¿Sabrá la gente si sus rechazos les hieren?
Entonces...¿Cuál es la diferencia?
puede ser su forma de hablar,
que a veces poco se le entiende,
o le cuesta pronunciar,
su lenta expresión,
o torpeza al andar.
Puede que así sea,
pero es igual a mi,
en la forma de mirar.
Es un ser humano,
que quiere crecer como todos,
pero al que debemos proteger
y cuidar
como hacemos con nuestras pertenencias,
esas, que nadie nos puede quitar.
Necesita de nuestro cariño,
de continuo afecto y comprensión,
así como elevada paciencia
y educación.
De ellos debemos aprender,
a sonreír, ignorar la necedad,
tener siempre abierto el corazón,
reír a la vida y desconocer la maldad.
¡¡Aceptémosles tal como son!!
Luis
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El problema que tenemos al diferenciar donde está la normalidad es saber dónde situar la raya si acá, allá o acullá. Yo conviví tres años con Yosi y llegué a dudar cuál de los dos tenía más capacidades diferentes, no me acostumbro al eufemismo. Una vez haciendo los dos payasadas la Eleuteria dijo. -Quien es ese abortizo, y mi madre le dijo. -El de la derecha es tu nieto, abuela. Decían que me parecía a él. Sigo siendo un niño.