La melaza es como el manto circense
del silencio amputado, con el migrar
llamando a la puerta sin nada que perder.
Trazando oscilaciones entre cruces
y pánicos.
Crueldades de miedo amparadas
por arterias vacías, clamor del turno
canalla y celos escondidos entre velos
de ningún sitio, sangrando la vida
que nómada se agrieta sin destellos
de ayuda, tan sólo tras envejecer,
tener el valor de mirar atrás.
Reservados todos los derechos©