Las lumbres de los insultos,
se desvanecen con la corrosión
entre soliloquios y una falsedad con
patitas cortas, que escala por las paredes de la memoria.
Y desde allí la fría multa del recuerdo.
Ansía llover la reputación del dolor
casi al rubio sol del mimbre deshilachados, como rayos de vida
piedad del muro, parca y llanto
y suelos llenos de piel.
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