Los mimbres del recuerdo
silencian la grisácea juventud
de los mimos y sus sonrisas.
También los puertos desertando de los dormitorios, pedalean la sangre
del hilo confuso.
Así llamamos victoriosos a la tierna, edad del junco que dobla palidecidos
los argumentos del miedo,
Que te soplan desnudas, frívolas
intenciones del dolor, ese interno e
incoloro sentido del horror.
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