Los síndromes del narcisismo
evolucionan como la cultura del cuerpo,
el ego tiene una burbuja que infla
las decisiones desde un centro de piropos y alabanzas, así el egocentrismo
resbala por sienes del marcaje
de guiños de cánticos y de serenas
multitudes, pero que no encuentran
sonido en los silencios del habla.
Sólo un autismo rebelado en la irascibilidad del escribano,
relatando los irónicos dibujos del mercader de voluntades y ríos de sol
palidecidos en la ajena disidencia
del cortador de esquejes.
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