Estás utilizando un navegador obsoleto. Puede que este u otros sitios no se muestren correctamente. Debes actualizarlo o utilizar un navegador alternativo.
El puerto
Entrada de blog en MundoPoesía — poesía, reflexiones y prosa libre de nuestra comunidad literaria.
En las lívidas madrugadas de niebla de cortante frío en insomnes distancias del tiempo afilados cuchillos calan los huesos.
En el desafío del íntimo encuentro, en la redondez de la búsqueda errante, en la espesura de la bruma, en las calladas noches de detenidos instantes, en deshilachados recuerdos, desandando miedos, ocultando soledades, me refugio en el puerto solitario, silencioso, rasgando pieles de curtidas nostalgias me abrazo a las sombras alargadas del origen, granítico sostén de las creencias, impenetrable muralla de los afectos. El mar, arcón del Sol y la Luna, escondido en la oscuridad, comparte, el desasosiego en el sereno rumor, permanente canto ondulante, ebrio juglar de odas marineras.
Inquieto, atado al espigón prisionero, un viejo y cansado barco, cruje melancólico en apagado lamento cuando el leve oleaje viene a deshacerse a sus pies.
Me gusta ir al puerto en las frías madrugadas, y trepado en la fantasía colorida de marineras aventuras, en alejados lugares cruzar tempestades, vencer míticos monstruos marinos, y aclamado por imaginarios seres invisibles, regresar con relucientes tesoros que se esfuman al tocarlos.
Me gusta ir al puerto, en las humosas madrugadas en insomnes momentos, a contemplar el cortejo seductor de los luceros con la Luna, que coqueta les hace desplantes y, maliciosa sonríe iluminando sus argentas mejillas y con guiños relucientes se aleja.
Me gusta ir al puerto y en íntima elevación volar ligero con el cierzo y en atrevidas piruetas descender livianamente en la quietud de mis sentidos y sorprender una estrella que se desprende y en fugaz huida cae al mar, y al amanecer, la encuentro dormida sobre la arena fría, apagada, indefensa.
Me gusta ir al puerto de madrugada, y sentado al pie de un farol, escuchar de los duendes fabulosas historias de desconocidos reinos, y al amanecer verlos partir convertidos en blancas gaviotas. Me gusta ir al puerto, a soñar, íntima silueta impalpable de la existencia, silencioso aquietante del alma.