Las caderas de la suerte se mueven como mambo
la empírica llamada del sórdido camuflaje desnuda con
la mirada la reverencia del fervor.
También delimitado está el coto de caza.
Para auxiliar la llamada del trovador,
que arenga inútilmente el diámetro de la negación.
Y envejece tangencial-mente los aullidos de la benevolencia.
Por eso la preñez del discurso aumenta en serenidad,
cuando difusa se hacen añicos los deseos más íntimos.
y se combate en el fango con los sentimientos barnizados
de espesa mentira.
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