Toda aquella piara de demolición
humana, de explotación laboral.
Fueron atrapados en un desorden
de lealtades, miro silencioso el vibro
de los soñadores, y recuerdo cuando me miraba en un espejo distorsionado,
del que me alimentaría severamente
sin vergüenza ,
pero con cautela.
Ya que en respectiva
desolación,
perdí las lágrimas
que no se ven,
ese dolor mutilado
después de la herida psicológica
donde la moral hace ganchillo
con los susurros del miedo.
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