Di tú sombra, de mi sombra,
capitular el dominio del sol.
Crea ambrosía del corta perezas.
Di tú junco de austera palidecida
El brote se expande borrosa como
nube de terciopelo, pálpito de pulso
en añada tráquea del defensor
lustroso que cuenta diamantes
en la palma, diminutos como lágrimas sólidas, pellizcos de reflejos
anunciando la vastedad del sitio.
Allí complejos demoledores arbitran
también, con silencios las rasuradas
espías del tónico con lirios embelleciendo la lacrada fortuna
del iluso.
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