Nuestra imagen nos revela el
negativo, la usura del caprichoso
deambular del mundo,
aunque primero, eduque
los solitarios reproches del duelo de esa mirada. Y también
ésta esté manipulada subliminalmente, auxilia la precocidad del miedo.
Una astucia que capta instantáneas
desintegradoras, en mutilaciones del sentido de la fotografía.
Que sea corrosiva que menea la batuta del siniestro alguacil de los reconfortantes asideros del múltiplo sueño
del daño amparado en el silencio del reto, ninguna foto dañará el misterio subliminal del simple trayecto. Ya no.
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