Demente en islas cayendo del tamiz
fronteras diluidas en mi rabia,
peculiar y honesto el orador.
se miente incluso tras las bambalinas
de su ego.
Pero no siempre fue así.
Antes se dormía la iniciativa
candor del volumen,
atriles que se mecen volver
al sueño donde miro la absurda
negación del insulto.
Y la grasa del espíritu me lubrica
el corazón tan rápido como un latido de tránsito milita después
cuando en la caída los lloros
alimentan el dorso del amanecer.
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