Los husos horarios giran voluptuosos
todos buscando la llegada en la inmunidad de su tiempo, un minuto de silencio.
Hay aquí soplidos de corazones destruidos en esqueletos,
pan y fraccionarios silencios
de un aullido que ingresa en los túneles subterráneos de psiquiatría.
Y que memorizan la ociosa duna del
grito para alzar la voz sin nombre.
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