Ser en esta voluminosa escarcha
como arañazos de nieve, la rutilante
empresa me acoge en el silencio del
pulcro deshuesar, pidiendo en el lejano oscila miento del balcón de la luna
donde ella se come el régimen paritorio alicatando las dunas.
Un abstemio devorador de hojaldres
de vino, con la huella inerte fluctuaron los astros del peñasco
en luz petrificada y ruido.
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