Cielos anaranjados estallan
entre cúpulas de sueño.
La salpicadura del entorno
no deja que vuelvas tras tus pasos.
La somnolencia arbitra los intermedios de la poliniciación
capturada entre entornos
llovidos del manantial de lágrimas
surcos que en la cara se convierten
en arrugas cinceladas de añil
perezoso. Mira el ilustrador de mezquindades la negrura del policromado, en nervios de guitarra.
Seduce el hábito.
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