Los fracasos son pepitas de un gran
reloj de arena, cayendo, cayendo
al abismo temporal, en los que
está el tiempo encerrado vibrando con
anonimatos desconectados
siempre atrapado en la agonía
de los desiertos, donde las voces
mascullan el interno desenlace
de tu memoria.
Tu pensamiento mide su desesperanza, ánima
del loco desenredar de los bulos
creciendo como hongos infectos
en el jardín privado de cada uno.
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