Cimas subterráneas gobiernan mis sentidos, desde allí entierro en sus
coronas, la belleza incomparable
de mi dolor.
Minucias de un satélite campando
en los solsticios del mundo.
Casi el escalofrío del horizonte
cuando choca con el tren que lo penetra, disuelve el origen del
incauto viajero.
Hasta que se pierde.
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