Porosa piel del tambor.
Las ligaduras del terciopelo
acarician los fuegos
saturados en privilegios
de nobleza.
Canta por dentro la hebra de la
hoguera donde vanidades copulan
con dramaturgia y sollozo.
Casi el reemplazo de los cortejos
brillan entre franjas de aluminio
con la laxitud del látex
funcional en coros y lloros.
En un intento desesperado
de redención, aunque el brillo
de sus candentes ojos, hagan pucheros, con el son
del pan.
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