La bailarina de las tardes del oro y caricias
gira llena de hipnosis inmaterial
como una estela de sabor a la que largas multitudes organizan orgías
buscando el éxtasis
incubando el delito de no saber
nada, ahí terreros cm de un auge
capitulan y se duermen victoriosos
por llegar a la esencia mecida
de la falta de gravedad.
Y la bailarina gira con el eje
reverenciando el sol hasta
difuminarse en la otredad
con pinceladas de rubor
frágil.
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