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Avecesdiario, I.
Avecesdiario, I. — El Avecesdiario de Pedro Olvera · Blog en MundoPoesía
He tenido un par de blogs en los diez últimos años y nunca he ido más allá de la segunda entrada. No creo siquiera recordar la forma de acceder a ellos y no tengo intención de hacerlo. Empero, voy a comenzar a utilizar este recurso que Mundo Poesía nos brinda esperando adquirir cierta constancia.
Desde los 13 años gustaba de escribir un diario. Era un cuadernillo hechizo forrado en azul en cuya primera página rezaba “Siempre hay algo que contar cuando se cuenta con la vida”. Ahora, a los 35, miro con nostálgica retrospectiva esa candidez del título que en su momento me parecía una genialidad. Era un niño tímido, desgarbado, egocéntrico y ya bastante neurótico. Hay cosas que no cambian con el tiempo pues es la madera de la que uno está hecho. Es ganancia que no se haya hundido el barco.
Pocas cosas vienen a mi mente de lo que con cierta regularidad escribía en ese diario. Quizás ahí anoté mi fascinación por los poemas Federico García Lorca, que fue mi primera gran sacudida literaria de donde germinó ese sentimiento infantil de predestinación para hacer cosas con palabras para que digan más de lo que dicen. No perduró demasiado, pero aún gasto mis horas de insomnio como moderador entre los diálogos de las estatuas y los espejos.
Lo que sí recuerdo es que ese cuadernillo fue a parar a las manos de mi hermana menor, quien se solazó con su lectura clandestina, y no pudo evitar hacer pública su fechoría por el imperdible gusto de evidenciar mis vergonzantes descubrimientos de esa edad. Era un adolescente y era imposible no dedicarle unas páginas a lo que la arquitectura de la pubertad estaba haciendo con mis compañeras de escuela y conmigo mismo.
La transformación ojos rasgados de Eréndira la vez que se le humedecieron por un acróstico rimado que le compuse en su libreta de dedicatorias y los movimientos de su respiración cuando se quedó dormida sobre mi hombro durante el regreso de ese viaje de fin de curso siguen mereciendo más que esas líneas garabateadas torpemente, y por razones más allá de las evidentes. Después de construir un monumento a las nostalgias, y si no es muy tarde, le diría: gracias.
Ya de paso, comparto este bocadito tristón fechado el 15 de agosto de 2012:
Mi corazón
en el pez de mis latidos:
mar que naufraga en mar
y se ahoga en sí mismo.
Demasiado tengo de charco
para ser el camino del agua.
Yo quise ser un río.
Yo quise ser un sueño,
pero siempre,
siempre
me encontré despierto.
Me parece un muy buen comienzo con este tu nuevo blog. Constancia, la bendita constancia que tanta falta nos hace a todos, la misma con que late el corazón y sin embargo a veces nos lleva por otros derroteros, espero y sepas controlarla. Te dejo mi saludo sincero poeta.
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