Siento tu mirada callada
escrutar mi cuerpo como una papeleta.
La que arde entre misivas
de ejecuciones hipotecarias
que te van matando, poco a poco, silenciosamente
como un hilo derramado de miel caliente.
El dolor de la deuda acompaña
ausente, los paréntesis esclavos
de la vida, de la ida y venida, de los días, naciendo y muriendo.
Sometido a la rueda de la sociedad
que te trae el aullido mudo de los
forzosamente apátridas recolocándose, otra vez en la línea
de meta.
Reservados todos los derechos©