Infartos del sur,
cabalgan en el tiempo
preñándose de vacío, cuando los silencios mutilan el deseo.
Ahí, no querría estar yo
pronunciando la delicia del compás
altamente culpable. Los candados
en la lengua, cremallera de los labios
que encajan anónimos, privaciones
de la común deserción, aullando múltiple la incógnita de tu frecuencia.
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