Manicomios de astucia,
hilvanan torpezas, de aullidos
carenciales, di mercurio desayunando en las terrazas de la noche, la verbalización del río
desangrándose en la silla como
un tajo, pestañea, casi convirtiéndose en un ojo lagrimando
la pereza del sonido, que procrea en los
avisperos de buhardillas alicatadas con la música y sus trucos.
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