Dejad que el cierzo toque otra vez
el cementerio de mis muertos
y los cipreses
alcen sus voces
y esta vez tañan los laúdes
el himno sacro que sosiega
la sonámbula cripta del recuerdo.
Dejad que su aleluya otra vez
despierte la penumbra que dormita
cosida en sus metrópolis de blancas vestiduras.
Cipreses
—guardianes majestuosos—
vuestra fragancia me trastorna
si agita el céfiro
vuestra hopalanda
Dejad mis ángeles de verde saya
que cubran vuestra señorial morada
las almas penitentes
que huyendo de este mundo
hallan refugio en vuestros territorios...
retazos online
agosto 4, 2018
Santo Domingo, heredia