Huyendo de las miradas
que sentencian su miedo
con injustas decisiones,
a favor de la masa.
Ese mismo principio de alienación
que salpica frondosas madrigueras
del violinista en el tejado.
Origen pulcro de la huidiza
peñambre rodeando el árbol
del ahorcado.
Mira y no ve, sigue mirando
y no se ve, hasta que alguien
dañándolo o sin dañarlo le abre
los ojos.
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