Ojalá hubiera nacido malo
perverso malvado mezquino
traidor delator insufrible.
Ojalá mi cuerpo fuera ya ceniza
y mis labios emprendieran su fuga.
Ojalá golpearán con sacos de raíces
las parcelas de mi vida, los alcaudones
pintarrajeados en las cárceles y en las avenidas.
Ojalá terminarán los ojos de pudrirse
de mirar el horizonte bravío y extinguirse.
Ojalá mi maldad fuera sonora segura
diáfana. Y ya su cuerpo, de amante sonriente,
se fuera por la vereda del nunca.
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