Siempre he sido feliz, y en el lamento,
nunca quise besarme yo la herida,
la vendimia que llevo recogida
de otra cepa injertaron el sarmiento.
Es verdad que mi pluma es alimento
y escribir es el pan que me da vida,
las palabras el agua sumergida
en torrentes de luz y fundamento.
Siempre he sido feliz, y con mi aliento,
no daré una batalla por perdida,
ni entrego el corazón al desaliento;
no soporto el color gris ceniciento
de la pava que está ya consumida
por la lumbre de un fuego largo y lento.