Atesorada
en estantería
junto a tus alegrías escritas
permanece silenciada.
El tiempo
no detiene el cauce
y en triste pasado
terminó su canto.
Largos dedos
ágiles
acariciaban sin pausa
las teclas de nácar.
Callada,
hermosa,
ensimismada
lejos de mi tiempo
en su propio mundo
de ingenio y embeleso.
Febril mirada,
acompasado teclear
poseída de alma,
luz de luces,
sol en la ventana
y yo,
la niña vestida de niña
sin pestañear
la contemplaba.
Madre
he guardado la máquina
de escribir como pedías,
amiga de largas noches
y bellos amaneceres.
Reflejo de feliz tiempo
pasado en cuentos bellos
por mí
nunca olvidados.
Madre
¿Qué recuerdas?
Miras sin verme,
sin reconocerme.
Acaricio tu mejilla
y como niña perdida
me dedicas
radiante sonrisa.
Madre
¿Qué ves
cuando me miras?
María Cruz Pérez Moreno –acnamalas-
Derechos de autor reservados.
03/03/2017 Madrid. España.