Las agujas del reloj insertadas
en la piel como acupuntura tantrica,
señalan el vaivén de los días y las noches.
El tiempo invisible, fantasmal,
multidimensional y etéreo
se dibuja en los surcos de los rostros
arrostrados y arrastrados en tiovivos.
El carrusel vivencial no se detiene
hasta el último suspiro del pulmón.
Y la senda cuesta arriba no descansa
de su afán de colectar lo inalcanzable.
Es así que mendigamos atenciones
recibiendo nada más que soledades.
Y la vida continúa disgregando
su materia y energía elementales
y el espíritu desnudo se despoja
de la joven juventud que le abandona.