Aquí no hay más que
maldicientes, pajarracos,
truhanes de tres al cuarto,
y modelos de bajo raso.
No hay sino una multitud
de presos de las anfetaminas,
de drogadictos sine qua non,
de cancioneros abandonados,
de guapos sin chulapa y de chulapas
sin su guapo.
Lechugas y tomates, serpentinas
del acoso, que se tiran los unos
a los otros, en vil cometido sin
aprendizaje.
No quedan más que los despojos,
de un ancho buitre, a la orilla
del riachuelo
que va a ninguna parte-.
©