Yo voy lanzando, desamarrando
de puerto, mis gaviotas, unas son
de papel, y otras de viento.
Me escuecen en las venas, sus altivas
honestidades, pues generan, desde los vértices
de sus peceras, dueñas de mis amuletos mágicos.
Mojadas, empapadas, de agua y de lucha,
de vida y de brega, practican antiguos ritos,
danzando sobre la tarima de madera de los barcos.
En las bodegas se almacenan, polvorientos,
los odres con vino de mi sacristía nueva:
voy de viaje, señores, no concibo mejor alegría-.
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