Y seré yo misma
en el espejo de los hechos.
También ví a mi prójimo
y la vida en mí,
a mi alrededor.
La mayor parte del tiempo
yo hablaba
un escritor y no un oyente.
Como si estuviera allí todos los días
necesitada
para expresarme,
la vida en mis ojos
para describir, para probarme a mí misma.
Pero a quién tenía de demostrarme?
A nadie más que a mí misma,
me doy cuenta entonces
en los momentos puros de mi existencia.
Tal vez este siglo
el siglo de los solitarios
es que a través de la soledad
necesitan expresarse constantemente.
Y luego me pregunto,
cuándo seré un buen oyente de sabiduría?