He llegado hasta aquí porque he querido,
y venido hasta ti, porque he llegado,
caminando al revés, he regresado,
pues yo nunca de ti soy bienvenido.
De tanto ir y venir quedé aturdido,
descompuesto, a la vez desconcertado,
el viaje de ida y vuelta me ha dejado
en ausencia de ti, agradecido.
Ahora he tomado la costumbre
de caminar lo justo sin motivo.
Prefiero descansar
al calor de mi lumbre.
Así vivo mejor, y ¡sobrevivo!
a la necesidad de irte a buscar.