Casi nunca te pido que perdones
mi flaqueza la llevo aquí escondida,
silenciosa, a la vez que arrepentida
y en mi pecho la guardo sin razones.
Escondido tengo el as de corazones
y mis trampas ganaron la partida,
un poker con la baza ya perdida
un fullero de muchas ocasiones.
De tahúr en las cartas me arrepiento,
y teniendo mi vida ya marcada
no quisiera sentarme yo a tu lado
sin tener en mi firme pensamiento
que de siempre serás en mi alborada:
la mujer que redima mis pecados.