Tu amor fue demasiado onírico en mi piel,
naciste y ardiste como un fuego santo...
pero tuve que matarte, con el gerundio de ser...
pues entre los verbos que usamos,
no pudimos conjugarnos,
y al participio de hacer...
le faltó hacerlo u hecho.
Y... en el reflejo que me devuelve mi espejo;
la busco, pero no la encuentro...
la cicatriz en mi pecho.
No doliste, no dueles... no dolerás;
creo que ni siquiera fue verdad.
Creo que fuiste solo un sueño...
demasiado onírico para ser real.
De las mariposas que sentí en el estomago,
cuando te buscaba con ansias
y mis ojos te encontraban...
solo me quedó el polvo que se desprendió de sus alas.
Y... como ya no podemos ser,
lo que pudimos ser o haber sido,
seremos solamente la tinta de un tintero,
donde se ahogan las letras
y los versos que no fuimos...
Porque como ya no somos;
somos solamente,
el eco apagado de los latidos que ya no laten.
Porque ya nunca seremos;
no seremos un regreso ni un ayer,
seremos solo un espejismo,
para el oásis de nuestra sed,
y nos ahogaremos en la soledad al igual,
que se ahogó el poema perfecto que no pudimos...
que nunca podremos formar.
Porque se terminó el nosotros;
para volver a ser tú o yo...
y una mancha en el papel.