La rabia es un dolor que a fuego lento
incendia mi costado, y su hendidura
la llaga de una pena que supura
el luto de esta pascua sin adviento.
Y como el toro negro ceniciento
que embiste solitario en la negrura
me encierro en un chiquero de amargura
y en ese foso vive mi lamento.
Admiro tu coraje, como un miura
cargado en fortaleza y en bravura;
valiente y encastado al sufrimiento.
Vencida y desarmada su andadura,
tu corazón, repleto de ternura,
al cielo volará... ya sin aliento.