Casi por encima del suelo y sin tierra
las raíces de los cien años
sin comportamiento entre las púas
de la manzana
aquí y en contra de esto cuando éramos chicos
nos bajaron la escalera, los mirlos más cercanos
en bayas hacen puré la boca, llena de agua pura
el cielo por todas partes, la arboleda verde
visto desde arriba de un cráter abierto
para parejas de abejas azules y libélulas.
El paraíso. Y ninguna sorpresa después
cuando el árbol, conteniendo el aliento,
se encierra en el salón de sus benditos.