¿Podrá el Señor, llevarme de su mano
cuando despierte, ciego en lo profundo,
del sueño que parece tan lejano
y tan cerca a la vez, del otro mundo?
¿Podrá el Señor, que es grande y soberano
hacer de mí, que soy su vagabundo,
un hombre generoso y más humano,
y así mi corazón será fecundo?
Escucha mi oración Señor. Esclavo
como estoy, de las sombras y las dudas
que acompañan mi torpe fortaleza.
Atiende mi plegaria pues te alabo:
si perdonaste la traición de Judas
darás tu Gracia al hombre que te reza.