Este sol de noviembre y de membrillo,
es sol que ni calienta ni se siente,
y lleva en su tristeza el ocre brillo
de la hoja en este otoño adolescente.
¡Tibio sol de noviembre! Tu amarillo
enjalbega la tierra refulgente
con su pálida luz, y es ese anillo
una ofrenda al difunto allí yacente.
Este sol de noviembre al camposanto
lo acaricia en la piedra que reposa
para dejar recuerdos de su aliento,
y el calor que desprende con su manto
dará la vida al terciopelo rosa
que llora el crisantemo en su lamento.